lunes, 28 de enero de 2019

Qué tenéis que saber de Respira


Hoy se publica oficialmente Respira y llega a todas las librerías en papel. Por fin, la historia de Eri Nakahara y Kaoru Hanazawa deja de ser solo mía.

La idea inicial de este proyecto fue muy sencilla (aunque luego se complicara): dos personas que aprenden a respirar de nuevo cuando se encuentran.

Ya sabéis que ha sido una obra por encargo. Tenía tres requisitos que cumplir: que fuera una novela corta romántica, que no me pasara de cierto número de palabras y que estuviera ambientada en una ciudad (yo elegí Kyoto). De esos requisitos cumplo, más o menos, uno y medio. Es una novela romántica pero no solo hay amor, también hay historias de fantasmas y persecuciones por tejados, así que no es una novela romántica al uso. Sí que es una novela corta pero me pasé un pelín del límite de palabras y, por suerte, la ciudad en la que se desarrolla la historia sí que es Kyoto (aunque también hay una mención a Nara, la ciudad de los ciervos, porque era demasiado bonita como para que no apareciera).

martes, 15 de enero de 2019

«El Pozo de las mentiras». Respira, prólogo.


 Prólogo
El Pozo de las mentiras
ERI

            Tenía quince años, y mi vida estaba a punto de cambiar.
Aquella sería la última vez que visitaba el santuario Kamigamo y que celebraba el festival de Aoi Matsuri. No volvería a ver los cerezos en flor del parque Maruyama, ni el reflejo dorado del santuario Jishu sobre el lago. Al día siguiente cogería un vuelo que me llevaría lejos de Kioto para siempre y estaba asustada.
—¡Eh, Yui! ¿Qué haces aquí? Te estamos esperando.
Alguien me confundió con otra persona. En cuanto me di la vuelta hacia él esperé que se disculpara y me dejara tranquila. No lo hizo.
—¿Es que no me has oído? ¡Vamos! —me apremió, y me hizo un gesto con la cabeza mientras todavía seguía acercándose a mí.
@cardonasonia146Me giré instintivamente, buscando alguien que estuviera detrás de mí. Pero estaba sola.
—Creo que te confun…
No llegué a terminar la frase. El hombre me agarró del brazo y tiró de mí. Parecía tener mucha prisa.
Antes de que pudiera volver a protestar, una voz nos interrumpió.
—Deja a esa chica, Usui.
Los dos nos volvimos hacia el lugar del que provenía la voz. Una mujer vestida con yukata, el traje tradicional, nos miraba tranquila, con las manos cruzadas sobre el regazo y una expresión serena. Los dos nos quedamos quietos, pero el hombre acabó moviéndose para mirarme detenidamente y luego mirarla a ella.
Cara redondeada, pero rasgos marcados. Pómulos prominentes, barbilla pequeña y ojos grandes. Tenía una mirada relajada y que parecía por encima de cualquier problema mundano. Era muy hermosa.
Sin embargo, lo que más me impactó, igual que impactó al hombre que tenía justo al lado, fue el parecido.
Éramos prácticamente iguales, como dos gotas de agua.


jueves, 20 de diciembre de 2018

Qué esperar de «Cuando las gárgolas lloran».




Todo ha sido fruto de un impulso.

Recordé que tenía un relato en el cajón desde hacía nada más y nada menos que tres años. Creo que fue por aquel entonces cuando lo dejé todo (la segunda parte de otra novela, este relato y el resto de proyectos), para escribir 13 horas en Viena. Así que escribí Cuando las gárgolas lloran y lo metí en un cajón que no he abierto hasta ahora.

Abrir ese cajón ha sido lo mejor que podría haber hecho.

Ya he dicho que todo ha sido muy precipitado, pero es que la inspiración llega sin avisar, y no he podido controlarlo. Este proyecto ha sido un reencuentro en muchos sentidos. Me he reencontrado con la historia y también con el lápiz y el papel.

En principio solo iba a arreglarlo, asegurarme de que estaba bien escrito, ponerle una portada sencilla y subirlo a Amazon. Pero luego me di cuenta de que en su día hice algunos dibujos para la historia, dibujos personales y que iban a ser para mí, porque no me habría atrevido a enseñárselos a nadie. Pero esta vez he decidido intentarlo.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Un año desde «Un día de invierno»




Hoy hace justo un año que Un día de invierno vio la luz por primera vez.

Os he hablado mucho de Joren y de lo enamorada que sigo de ese personaje; pero hoy me gustaría contaros más, mucho más; sobre el resto, sobre el invierno en Dinamarca y los aviones que sobrevolaron sus cielos un día. Quiero contaros lo que esta historia significó para mí, y lo que aún significa.

Un día de invierno tiene muchas lecturas; si lo habéis leído sabréis de lo que hablo, y yo siempre procuro no pronunciarme, porque creo que lo especial y lo bonito es que cada uno haga la suya propia. Sin embargo, para mí, hoy solo tiene una.