viernes, 23 de noviembre de 2018

Un año desde «Un día de invierno»




Hoy hace justo un año que Un día de invierno vio la luz por primera vez.

Os he hablado mucho de Joren y de lo enamorada que sigo de ese personaje; pero hoy me gustaría contaros más, mucho más; sobre el resto, sobre el invierno en Dinamarca y los aviones que sobrevolaron sus cielos un día. Quiero contaros lo que esta historia significó para mí, y lo que aún significa.

Un día de invierno tiene muchas lecturas; si lo habéis leído sabréis de lo que hablo, y yo siempre procuro no pronunciarme, porque creo que lo especial y lo bonito es que cada uno haga la suya propia. Sin embargo, para mí, hoy solo tiene una.


La historia llegó por sorpresa, sin pretenderlo. Surgió de una idea pequeñita, y fue creciendo y creciendo hasta que Joren, Karan, Derek y los demás tuvieron un rostro, una forma de caminar y una manera concreta de contener el aliento.

Joren es el rey de los aviones, Karan la chica que capturó el universo en su mirada y Derek el soñador del amor incondicional. Los quiero a todos.

Su publicación también llegó en un momento inesperado, todo su proceso fue muy enriquecedor y pude involucrarme tanto que aprendí muchísimo. También aprendí mientras lo escribía; aprendí a la vez que lo hacía Karan con su hermano, cada vez que tenía que tomar una decisión difícil o anteponer las necesidades de sus hermanos a lo que ella sentía en ese momento.

Un día de invierno habla de amor; un amor entre amigos, entre hermanos y entre personas que están destinadas a encontrarse de nuevo. También canta a los errores que nos hacen dolorosamente humanos, a la superación que nos inspira y a la esperanza que nos mantiene a flote.

He querido contaros todo esto porque durante el último año han cambiado muchas cosas, he crecido mucho y mi forma de ver esta historia ha cambiado un poco: soy una soñadora, puedo decirlo bien alto, porque hoy necesito creer que Derek tenía razón.

´
Un abrazo.

Paula.


No hay comentarios:

Publicar un comentario